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PIO XII BOLIVIA

A 70 años de la Masacre de Catavi

María Barzola, una mujer que entregó su vida con dignidad

Última Actualización Miércoles, 19 de Diciembre de 2012. 19:49h.

Si debemos morir, que sea con nobleza, De manera que nuestra sangre no se derrame Inútilmente: y hasta los monstruos que enfrentamos No tendrán más remedio que honrarnos aunque muertos. (Claude Mac Kay)

Siglo XX, Potosí 19 Diciembre 2012 (Radio PIO XII).- Las mujeres a lo largo de la historia de nuestro país, han marcado valientes e importantes episodios de dignidad y coraje.

Las mujeres palliris fueron incorporadas al trabajo de la minería para escoger piedras mineralizadas.

Miles de mujeres amas de casa, esposas de los mineros, que participaron en diferentes jornadas de lucha, María Barzola mujer que no dudó para encabezar la marcha y sacrificar su vida por mejores salarios.

El comité de amas de casa de Siglo XX que exigió abastecimiento de las pulperías, las cuatro mujeres mineras  Aurora de Lora, Nelly de Paniagua, Angélica de Flores y Luzmila de Pimentel, quienes encabezaron la huelga de hambre, en plena dictadura de Banzer para exigir libertad de los presos políticos y retorno de los exiliados políticos.

Ercilia López, quien murió en la Masacre de Amayapampa por la defensa de los recursos naturales.

 

En los años 40, lo político era determinante

 

La Guerra del Chaco, donde murieron más de cincuenta mil bolivianos, provocó una intensa lucha política, las inmensas mayorías no eran parte de los beneficios de la explotación de las riquezas mineras, los gobiernos de David  Toro y Germán Busch se enfrentaron al súper Estado minero.

Decretaron que las grandes empresas entreguen al Banco Central el cien por ciento de las divisas que obtenían por la venta del estaño en el mercado internacional.

La segunda guerra mundial exigió la producción de más de estaño, de esa forma Bolivia se convierte en enero de 1942 en socio estratégico de los aliados Estados Unidos e Inglaterra a quienes se entregó el estaño, con un costo menor.

Entretanto la situación de los mineros de Siglo XX y Catavi era alarmante; porque Patiño redujo en un 12 por ciento el poder adquisitivo de sus salarios, que ya eran bajos.

Para asegurar la producción de estaño y los beneficios de la empresa Patiño, el Presidente de entonces General Enrique Peñaranda dictó varios decretos en el año 1941 para garantizar la actividad minera y dio orden a las Fuerzas Armadas para reprimir todo acto que impídala continuidad de la producción minera.

 

Orígen del conflicto

 

La masacre tuvo su origen en 1941 a raíz de que la Gerencia de la Empresa Mines Enterprises de Patiño rebajó los salarios a los trabajadores mineros.

Los sindicatos de Catavi y Siglo XX solicitaron a su vez un aumento de salarios y estabilidad en los precios de la pulpería.

El 28 de septiembre  el Sindicato de Oficios Varios de Catavi demandó un aumento salarial del cien por ciento y la publicación del Código de trabajo. La empresa comunicó que consultará con su directorio en New York.

El Ministerio de Trabajo después de 46 días citó a una conferencia de conciliación a ambas partes a la que asistieron sólo los dirigentes del sindicato Ajhuacho, Hinojosa y Camacho.

La empresa se negó a negociar con la mediación del gobierno, el 8 de diciembre la asamblea de trabajadores determinó un paro de labores  desde el 14 de diciembre.

Ese mismo día el Presidente Peñaranda recibió  un documento de apoyo moral  del “Comité de Coordinación Minera” integrado por representantes de Hochschild y  Aramayo,  donde manifestaron su solidaridad con la Patiño Mines.

La respuesta del gobierno de Enrique Peñaranda fue inmediata. Envió un telegrama a Catavi al Coronel Luis A. Cuenca, jefe de la guarnición militar de Oruro, quien estaba al mando de los regimientos “Sucre”, “Ingavi” y carabineros, ordenando prevenir al sindicato que la huelga era ilegal.

El 10 de diciembre el  “Consejo de la Patiño Mines” desde New York presionó al Presidente con un telegrama de cuidar la producción minera y que mientras haya huelga no hay diálogo.

El 13 de diciembre, los militares acantonados en Catavi desde el mes de noviembre, procedieron a la detención de los dirigentes sindicales de Catavi, los obreros reaccionaron y se movilizaron logrando su libertad horas después, desde el día de la huelga, se ordenó cerrar la pulpería, no pagar los salarios de la quincena, cortar el suministro de agua y presionar a los trabajadores para que retornen a sus fuentes de trabajo.

El 19 de diciembre una marcha de esposas e hijos de los trabajadores reclamaron alimentos y fueron violentamente dispersados.

 

Día de la Masacre

EL Coronel Cuenca ordenó al Mayor Bustamante colocar cuatro hileras de centinelas frente al sindicato, al rato muchas mujeres se pusieron frente al primer cordón.

A las ocho con quince minutos otro grupo de trabajadores marcharon contra los militares y avanzaron hasta el cuartel, los militares se vieron obligados a romper fuego al aire, pero la multitud siguió avanzando, los próximos disparos fueron a los cuerpos de los manifestantes, por este hecho se lamentó la muerte de 5 personas y 19 heridos.

La noticia llegó a Llallagua, Siglo XX, Cancañiri y Uncía y a las diez de la mañana se inició una marcha de tres columnas rumbo a Catavi.

A la cabeza de la marcha se encontraba Doña María Barzola, según algunos datos era una mujer adulta  viuda de un trabajador minero apellidado Cueto, a la altura del kilómetro cuatro en una pampa descubierta y árida, la columna avanzaba con gritos de justicia, justo salarios y pulperías abiertas.

Los militares se habían parapetado con ametralladoras, un mortero de campaña y fusiles, en posiciones que ofrecían una buena visibilidad de los marchistas y a una distancia de 800 metros arremetieron con nutridos disparos, los marchistas asustados por tanta balacera intentaron refugiarse y otros corrieron desesperados.

El campo cubierto de polvo, los cuerpos de las víctimas estaban esparcidas y llenas de sangre, heridos que se quejaban de dolor.

Entre los muertos se encontraba María Barzola junto a ella murieron otras mujeres, niños y niñas y trabajadores mineros. “nunca podrá saberse cuántos mineros bolivianos y sus esposas y niños murieron en Catavi el 21 de diciembre de 1942”.

Oficialmente se admitió que hubo 19 muertos y alrededor de 40 heridos. Sin embargo, un testigo ocular afirmó que al menos 40 cadáveres fueron acarredados en camiones y enterradas en una fosa común para que no se sepa exactamente cuántos fueron las víctimas.

Actualmente en ese sitio se encuentra una cruz grande y en sus alrededores se pueden ver algunas tumbas con el epitafio caído en la masacre de 1942. Un oficial que estuvo en el sitio declaró que al menos cuatrocientos muertos fueron enterrados aquel día” según Augusto Céspedes.

En testimonio del Coronel Cuenca el martes 22 se enterraron las victimas caídas el día anterior, se prefirió acceder a que se entregaran los cadáveres más los ataúdes correspondientes a los familiares de los muertos porque se temía que al enterrarlos directamente los soldados daría margen a que se propalara entre los obreros cifras fantásticas de muertos como ocurrió en Uncía el año 1923.

 

María Barzola, dónde te encuentras,

Tu espíritu reina aún las Pampas cerca de Catavi,

Tu grito de muerte nos convoca a defender lo nuestro,

Con dignidad y en beneficio de los  excluidos, de los más marginados y olvidados.

Gloria por tu imagen de dignidad, valentía, firmeza, humildad y de sacrificio.

La masacre de las Pampas de María Barzola se produjo en el gobierno del General Enrique Peñaranda, un militar que expresó el retorno de la oligarquía al poder después del “socialismo militar”. En su caída, producida en diciembre de 1943 jugó un papel importante la Masacre del 21 de diciembre de 1942, que además de conmover a la opinión pública nacional, fue utilizada por los partidos políticos del MNR y el PIR posteriormente.

 

Testimonios de la Masacre de 1942

 

En  Llallagua, Siglo XX, Catavi y Uncía es muy difícil encontrar a sobrevivientes de la masacre, los que viven son ancianos que por la fuerza del tiempo no recuerdan en su verdadera magnitud los hechos de la masacre.

Catalina  Velarde  viuda de  Vallejos, vivía en Cancañiri en el tiempo de la masacre de 1942, actualmente vive en Catavi, su mamá fue Doña Mercedes Velarde , su papá Don  Atanasio Ovando, que  trabajó en la mina  y después fue carnicero   en la época de COMIBOL.

Ella tenía tres  hermanos y relata “mi  mama  y papa  fueron a la marcha  de la pampa,  desde Cancañiri  hemos  bajado, estábamos atrás de toda la gente que marchaba, después sólo hemos  visto  humo,  oíamos  gritos  y   todos hemos corrido  por donde podíamos … A la gente  en la marcha  los mataron  junto a sus hijos,  era  una pena  decía mi mamá  llorando,  de todo lo que había  pasado  en la marcha de Catavi. Eso nomás recuerdo  yo,  tengo  85  años   ya no recuerdo mucho.

Otro testigo del hecho fue Don Narciso Aguilar que  nació 1933. Durante  la masacre tenía 9 años, su padre era venerista en esa época. Posteriormente trabajó en el hospital Albina de Patiño durante la COMIBOL.

“He  visto la  masacre, de niño era muy curioso  y por eso  les he seguido  a la gente, algunas señoras hablaban  que había  gente herida en Catavi. Yo le he  visto a  doña María Barzola, era una señora alta media blancona, las mujeres pedían  abastecimiento de  pulperías, han bajado las mujeres, detrás de las señoras   caminaba. en la marcha  había mucha  baleadura, una  señora  me  ha  gritado   agáchate  me ha  dicho, encima de un muerto  me  ha  empujado, muchas balas había, otra señora  me ha  gritado, diciendo agáchate, arrástrate diciendo por el río  nos hemos venido .

Al día  siguiente  decían   están enterrando  , he corrido  ya no he  visto a  los muertos  pero en el cementerio   los han enterrado  en fosa común, como era niño no me decían nada ,  yo he  visto la fosa  común.  yo te  estoy contando  lo que he  visto, lo que  he  vivido, yo no me  puedo inventar, todo lo que  recuerdo  te cuento .

Doña  María   era  guapa  media blancona y alta, antes de la  matanza  le  he  visto,  como era  niño, 9 años  tenía,  yo miraba  y escuchaba, ella  estaba agarrando la  bandera , desde la plaza  hemos  ido  todos, pero después   he aparecido  casi al último,  mucha  gente  estaba  en la marcha ,  mucho  alboroto, después fue la  baleadura, las mujeres  gritaban, matanza era” .

 

Reflexión a manera de conclusión.

 

La presencia de las mujeres mineras en las diferentes luchas de los mineros bolivianos le dan sentido y fuerza, María Barzola inmolada en las pampas que ahora lleva su nombre, es un símbolo de convicción, consecuencia y valentía, a la cabeza de la marcha sabía que arriesgaba su pellejo y no dudó de ofrendar su vida, por la causa de mejores salarios a favor de sus compañeros mineros, mal pagados por la Patiño Mines.

La huellas que dejó la siguieron el Comité de Amas de Casa de Siglo XX, las mujeres que murieron en la Masacre de San Juan, las valerosas cuatro mujeres que hicieron la huelga de hambre durante la dictadura del banzerato, Domitila de Chungara que con su testimonio dio a conocer la realidad de las familias mineras, las mujeres resistentes en la Marcha por la Vida y las que lucharon por la defensa de los recursos naturales en Amayapampa en 1996.

Es muy importante recuperar la memoria de María Barzola, porque se produjo en un momento en que los mineros estaban consolidando sus ideales, sueños y conciencia de clase. La masacre de Catavi impulsó al sindicalismo y al movimiento minero, posteriormente se creó la Federación Sindical de Trabajadores Mineros y en 1952 la Central Obrera Boliviana, símbolos de lucha, resistencia, democracia, conciencia de clase y vanguardia de los trabajadores y el pueblo de Bolivia.

Parece que estas luchas no tienen memoria histórica porque la lápida que se dejó en las pampas de María Barzola quedó sin pena ni gloria y sólo queda un pedestal de cemento, lugar donde además se firmó la nacionalización de las minas el 31 de octubre de 1952.

Quienes vivimos en estas regiones no olvidamos las lecciones de las mujeres que fueron y son puntal en las luchas por mejores días para Bolivia.

María Morales B.

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